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A principios del año 2000 tuve un empleo muy curioso y de muy bajos ingresos que me hacía viajar constantemente por el interior de la República mexicana, el hecho de viajar fue realmente lo que me motivó a aceptarlo.

 

Viajé mucho y siempre con viáticos limitados y con una lista de hoteles que se ajustaban a los precarios presupuestos autorizados, así que conocí hoteles muy peculiares y aproveche la oportunidad para ver ese otro México y hacer un registro de estos espacios que denotan el gusto de los empresarios y que más allá de una función también comunican una intención de ornamentar y "embellecer" la estancia de los huéspedes, aunque francamente muchos lugares parecían escenas ideales para llevar a cabo un crimen o en el mejor de los casos parecían sets de una escena filmada por David Lynch.